martes, 26 de julio de 2011

El hombre

El hombre. Ahí está. Míralo. De pié. Quieto. Sin erguir, sin sostener su propio peso. Con postura de apariencia inerte. Gacho. Caído. Con una leve sonrisa en sus labios. Una sonrisa agradable de mirar. Su mirada esta perdida. Perdida no sabe nadie dónde.

Le miro y no responde. Sigo mirándole, no me doy por vencida fácilmente, quiero intentar, quiero probar. Me mira. Me mira fijamente. Nuestras miradas su cruzan y aguantan unos segundos. Retira su mirada. Retiro la mía.

Al hablarle y al mirarle su cara cambia. Su sonrisa se agranda y su mirada se posa en la mía. Me escucha, me responde. Sin palabras, pero me responde. Su sonrisa ha estado presente todo el rato. Su voz no ha despegado de su cuerpo ni un sólo instante. Lo miro y me escondo en mi mundo. Me pregunto sí  será feliz o sí sonreirá por otro motivo, ¿por agradar? ó, simplemente, ¿por pura imitación? 
  Él sigue callado, con actitud típica de un pensador profesional. Observa y calla. A juzgar por su postura y sus gestos parece incluso que analiza. Vuelvo a escabullirme en mi mundo, ¿por qué se comporta así? ¿es por pura biología? ¿o la vida le ha hecho ensimismarse y apartarse? ¿es el trato de la vida el que lo lleva a ser cómo es? ¿es una mezcla de ambas cosas?
Él hombre sigue caminando. Lento, muy lento. Posa su mirada sobre algunos objetos o animales, levemente, muy levemente. Lo estímulos que llegan a sus ojos y a su piel parecen no interesarles demasiado.  Sigue su paseo. 

Sonríe sin parar. Sutilmente. Mira al suelo. Mira hacia delante. No posa su mirada en nada fijamente. Bullicios, gente corriendo, hablando, comprando, riendo. Parece navegar por un mundo sin ese sentido. Parece navegar por un mundo por el que pasa inadvertido. Parece navegar por un mundo aparte. Lo observo y, de nuevo, yo también me transporto a mi mundo. Vuelvo a bucear en mis pensamientos. Lo miro fijamente y, sin palabras, le hago una pregunta, una pregunta que me ha estado acompañando todo el rato, una pregunta crucial: ¿Eres feliz? Sólo eso. Sí, sólo eso, ¿eres feliz?. Él continua sonriendo".

Un mundo que me fascina. Un mundo que no está aparte. Un mundo diferente en bastantes aspectos. Y, sobre todo, un mundo olvidado. Una minusvalía que me enriquece, inquieta, sorprende y fascina por igual, día a día. El autismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario